Es posible gracias a algo que se llama feromona de apaciguamiento.
Cuando una perra amamanta, su cuerpo libera una señal química que la camada percibe por el olfato. No es un olor como vos lo entendés: es información. Acá estás a salvo, no pasa nada, bajá un cambio.
Es lo primero que un perro aprende a reconocer en su vida. Y no lo deja de reconocer nunca: un perro de nueve años responde a esa señal igual que a las tres semanas.
Funciona liberando dos señales específicas que actúan sobre los centros emocionales del cerebro del perro.
La primera baja la respuesta de estrés desde el origen: le dice a las suprarrenales que se queden quietas.
La segunda replica el olor de la madre, la señal de seguridad más vieja que conoce su sistema nervioso, y le avisa que está a salvo.
Juntas frenan el pico de cortisol antes de que arranque, así el cuerpo de tu perro nunca entra en modo pánico.
El único problema era conseguirlo. Casi todo lo que se vende como "collar calmante" no lleva feromona: lleva aceite perfumado, que huele lindo y no le dice nada al sistema nervioso de tu perro. Y lo poco que sí la lleva, usa una sola señal en vez de las dos.
Por eso me asocié con ZenPets.
Es una marca argentina que viene trabajando hace tres años en collares calmantes y que ya acompañó a cientos de familias en todo el país.
Y juntos resolvimos el problema de una vez.